Esta obra tan famosa pertenece a uno de los genios mas grandes de la Historia del Arte. Su nombre Francisco de Goya y Lucientes. Artista inclasificable, su categoría artística está por encima de épocas y escuelas debido a su inigualable personalidad. Se adelanta a su tiempo ya que se puede considerar precursor de distintos estilos. Inicia en los últimos años del siglo XVIII una pintura que rompe con el arte de la razón y entra en los temas del arte intimista y subjetivo conteniendo el germen del Romanticismo. Luego se adentró en la visión de los problemas reales y los condenó en los “caprichos” y en los “desastres” adelantándose al Realismo Social francés. También se adelanta a las visiones impresionistas de la instantaneidad. Explota los confines del sueño anteponiéndose al surrealismo y también recoge aspectos que más tarde tendrá el expresionismo, en sus pinturas negras.

La vida de Goya transcurre en una época crítica para la Historia de España. Nace en 1746, el mismo año que es coronado Fernando VI. Vive en los comienzos de la Ilustración con Carlos III, el dramático reinado de Carlos I, la guerra de la Independencia contra los franceses, el periodo constitucional de 1820 a 1823 y la reacción absolutista con Fernando VII. Muere en 1828 en el exilio, en Burdeos.

Con la muerte de Carlos III y la subida al trono de Carlos IV, lejos de perjudicarle le beneficia en un principio. Son años de optimismo y de esperanza de modernizar la corte. Goya va a ser nombrado pintor de cámara y va a realizar este retrato de familia. Compositivamente “Las Meninas” de Velázquez, otro retrato de familia, van a influir en este cuadro. Al igual que Velázquez, Goya aparece autorretratado al fondo de forma difuminada en la oscuridad y también simula estar observando a algo o a alguien fuera del cuadro. Nos invita a entrar en la escena. En las Meninas la obra se hace en torno a la Infanta Margarita, el espacio es amplio y distendido, no hay una sensación atmosférica tan clara como en Velázquez. Aquí al cortar el espacio del fondo las figuras de Goya están todas en primer plano. El espacio se ha hecho estrecho porque es un retrato real y de época. En estos momentos surge una etapa de desprestigio de la Monarquía española. El espectador está dentro del cuadro pero no puede elegir el personaje central. La disposición de las figuras está configurada a manera de friso. Utiliza un punto de vista bajo y las figuras ocupan dos tercios de la composición. El cuadro además es una auténtica galería de retratos donde la captación psicológica de los personajes es magistral. Así el gesto autoritario y altivo de la reina María Luisa, el del futuro Fernando VII nos refleja su gesto retorcido y su carácter desconfiado, el del rey Carlos IV con su expresión ausente y bobalicona. El pintor sólo salva a los niños siempre tratados por él con gran ternura y delicadeza como podemos observar en el infante Francisco de Paula. Como retratista Goya es de una sinceridad aplastante, a veces despiadada, además de su maestría en la profundidad psicológica del retratado Goya proyecta sus propios sentimientos sobre la persona que retrata, interés, indiferencia o antipatía como en el caso de la reina María Luisa que lejos de favorecer su rostro, ya poco agraciado, lo afea aún más. El pintor juega con las manchas de color. Su paleta es suelta y desenfada.

Con el tiempo las relaciones con la familia real fueron deteriorándose y las presiones sobre los liberales fueron poco a poco asfixiantes hasta el punto de que Goya tuvo que exiliarse y abandonar España definitivamente.